"Había una mujer en Alejandría que se llamaba Hipatía, hija del filósofo Teón, que logró tales conocimientos en literatura y ciencia, que sobrepasó en mucho a todos los los filósofos de su propio tiempo." (Socrates Ecolástico)
Hipatia
de Alejandría fue, sin duda, una de las primeras mujeres en la historia
que contribuyó al desarrollo de las matemáticas. Nació en Alejandría,
Egipto en el año 370 de nuestra era y murió en esa misma ciudad en el
415.
De
la madre de Hipatia no se tiene ningún registro pero se sabe que su padre,
a quien ella adoraba, fue Teón de Alejandría, quien era un ilustre filósofo
y matemático de esa época y que fue el maestro de Hipatia desde que ella
fuera pequeña. Realmente Teón era una excepción y permitió que su hija
se convirtiera en astrónoma filósofa y matemática, cosa que era sumamente
inusual en un sistema en el que las mujeres no tenían derecho a la educación
y sus vidas transcurrían en los espacios privados de sus casas, sus familias,
sus amigas y de "las tareas femeninas".
Teón
quiso que Hipatia fuera, dicho en sus propias palabras: "un ser humano
perfecto" y por ello vigiló muy de cerca la educación de su mente y de
su cuerpo. Cuentan los biógrafos de Hipatia que desde muy temprano en
la mañana ella dedicaba varias horas al ejercicio físico, después tomaba
baños que la relajaban y le permitían concentrar la mente para dedicarse,
el resto del día, al estudio de las ciencias, la música y la filosofía.
Al parecer este riguroso entrenamiento consiguió su objetivo pues a decir
de Sócrates Escolástico, historiador de Hipatia, 120 años después de su
muerte: "la belleza, inteligencia y talento de esta gran mujer fueron
legendarios, superó a su padre en todos los campos del saber, especialmente
en la observación de los astros".
Teón
trabajaba en el Museo, institución dedicada a la investigación y la enseñanza
que había sido fundada por Tolomeo, emperador que sucedió a Alejandro
Magno, fundador de la ciudad de Alejandría. El Museo tenía más de cien
profesores que vivían ahí y muchos más que asistían periódicamente como
invitados. Hipatia entró a estudiar con ellos y aunque viajó a Italia
y Atenas para recibir algunos cursos de filosofía se formó como científica
en el Museo y formó parte de él hasta su muerte, llegando incluso a dirigirlo
alrededor del año 400.
Hipatia
se dedicó, durante veinte años, a investigar y enseñar Matemáticas, Geometría,
Astronomía, Lógica, Filosofía y Mecánica en el Museo, ocupaba la cátedra
de Filosofía platónica por lo que sus amigos y compañeros la llamaban
"la filósofa". Ganó tal reputación que al Museo asistían estudiantes de
Europa, Asia y África a escuchar sus enseñanzas sobre "la Aritmética de
Diofanto" y su casa se convirtió en un gran centro intelectual. Citando
nuevamente a Sócrates Escolástico: "consiguió un grado tal de cultura
que superó con mucho a todos los filósofos contemporáneos. Heredera de
la escuela neoplatónica de Plotinio, explicaba todas las ciencias filosóficas
a quien lo deseara. Con este motivo, quien deseaba pensar filosóficamente
iba desde cualquier lugar hasta donde ella se encontraba... pero a más
de saber filosofía era también una incansable trabajadora de las ciencias
matemáticas"
Hipatia
se convirtió en una de las mejores científicas y filósofas de su época,
erudita de un conocimiento que los cristianos identificaban con el paganismo
y que por tanto perseguían.
Los
cristianos quemaron y destruyeron todos los templos y centros griegos,
persiguieron a todos los académicos del Museo obligándolos a convertirse
al cristianismo si no querían morir. Hipatia se negó; se negó a convertirse
al cristianismo, se negó a renunciar al conocimiento griego, a la filosofía
y a la ciencia que por más de veinte años había aprendido y enseñado en
el Museo. En la cuaresma, en marzo del 415, acusada de conspirar contra
el patriarca cristiano de Alejandría, fue asesinada. Un grupo de cristianos
enardecidos la encontraron en el centro de Alejandría y, dejando hablar
a Sócrates Escolástico: "La arrancaron de su carruaje, la dejaron totalmente
desnuda; le tasajearon la piel y las carnes con caracoles afilados, hasta
que el aliento dejó su cuerpo..."
Al
asesinar a Hipatia asesinaron a una mujer, a una matemática y filósofa,
la primera en la historia y la más notable de su época; pero no pudieron
asesinar el pensamiento filosófico y matemático griego.

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